Patrimonio Humano y Regalo Universal

Vicente Guzmán

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Un escrito leído tiempo atrás, cambió mi relación con la época y el quehacer diario: “El ambiente es un bien colectivo, patrimonio de toda la humanidad y responsabilidad de todos”. El ser humano tiene una monumental posibilidad de conciliación y “es admirable la creatividad y la generosidad de personas y grupos que son capaces de revertir los límites del ambiente… aprendiendo a orientar su vida en medio del desorden y la precariedad”.

La verdadera sabiduría, producto de la reflexión, del diálogo y del encuentro generoso entre las personas, no se consigue con una mera acumulación de datos y detalles que terminan saturando y obnubilando, en una especie de contaminación mental.

El cultivo, el trabajo, la ciencia y la tecnología son un maravilloso producto de la creatividad humana. No podemos dejar de valorar y agradecer el progreso técnico, especialmente en la medicina, la ingeniería y las comunicaciones.

Sin embargo, un desarrollo auténtico presupone un mejoramiento integral en la excelencia de la vida humana: “El paradigma tecnocrático también tiende a ejercer su dominio sobre la economía y la política” imposibilitando reconocer que: “el mercado por sí mismo no garantiza el desarrollo humano integral y la inclusión social”… “Hace falta cuidar los lugares comunes”, “los hitos urbanos que acrecientan nuestro sentido de pertenencia”... “la gratísima sensación de arraigo”… “nuestro sentimiento de estar en casa dentro de la ciudad que nos contiene y nos une”.

La economía asume todo el desarrollo tecnológico en función del rédito, sin prestar atención a eventuales consecuencias negativas para el ser humano. Las finanzas ahogan a la economía real. No se aprendieron las lecciones de la crisis financiera mundial y con mucha lentitud se aprenden las lecciones del deterioro ambiental. Y, esos efectos serán cada vez peores si eternizamos los actuales modelos de producción y de consumo. Toda técnica separada de la ética es incapaz de autolimitar su poder...

En algunos círculos se exterioriza enfáticamente que la economía actual y la tecnología resolverán todos los problemas ambientales, del mismo modo se exterioriza, con lenguajes no académicos, que los problemas del hambre y la miseria en el mundo solo se resolverán con el crecimiento del mercado.

Y, no es una cuestión de teorías económicas, que quizás nadie se atreve hoy a defender, sino de su instalación en el desarrollo fáctico de la economía.

Quienes no lo dogmatizan con palabras lo avivan de hecho, cuando no parece preocuparles una justa dimensión de la producción, una superior distribución de la riqueza, un cuidado responsable del medioambiente o los derechos de las generaciones futuras. Con sus comportamientos expresan que el objetivo de maximizar los beneficios sería suficiente. Pero, el mercado por sí mismo no garantiza el desarrollo humano integral y la inclusión social pues que el inmenso crecimiento tecnológico no estuvo acompañado de un desarrollo del ser humano en responsabilidad, valores, conciencia.

Y, este viene a ser el nudo principal, valorar al mismo tiempo sus capacidades peculiares de conocimiento, voluntad, libertad y responsabilidad, porque la correcta forma de interpretar el concepto del ser humano como “señor” del universo consiste en entenderlo como administrador responsable.

Cuando es la cultura la que se corrompe, y ya no se reconoce alguna verdad objetiva, la necesidad del desarrollo humano integral y la inclusión social, o valiosos principios universalmente válidos, las leyes se entenderán como una imposición arbitraria y como un obstáculo a evitar.

Y, si intentamos pensar cuáles son las relaciones adecuadas del ser humano con el mundo que lo rodea, emerge la necesidad de una correcta concepción del trabajo porque si hablamos sobre las relaciones del ser humano con las cosas, aparece la pregunta por el sentido y la finalidad de la acción humana sobre la realidad. No hablamos sólo del trabajo manual o del trabajo con la tierra, sino de cualquier actividad que implique alguna transformación de lo existente, desde la elaboración de un informe social hasta el diseño de un desarrollo tecnológico.

El trabajo es una necesidad, es parte del sentido de la vida en esta tierra, es un camino de maduración, desarrollo humano y realización personal. Dejar de invertir en las personas para obtener un mayor rédito inmediato es muy mal negocio para la sociedad porque la creatividad, la proyección del futuro, el desarrollo de las capacidades, el ejercicio de los valores y la comunicación con los demás, en la actual realidad social mundial, más allá de los intereses limitados de las empresas y de una cuestionable racionalidad económica, es necesario seguir persiguiendo “el acceso al trabajo por parte de todos”.

La actividad empresarial, una noble vocación orientada a producir riqueza y a mejorar el mundo para todos, puede llegar a ser una manera muy fecunda de promover la región donde instala sus emprendimientos, sobre todo si percibe que “la creación de dignos y rentables puestos de trabajo” es parte ineludible de su servicio al bien común.

Y, una vez más, es necesario volver a la carga, intentando pensar en ¿Cuáles son las más oportunas relaciones con el mundo que nos rodea? Surgen tres respuestas

Toda vida humana tiene en sí una identidad personal, capaz de dialogar con cualquiera y con el mismo Dios. La capacidad de reflexión, la argumentación, la creatividad, la interpretación, la elaboración artística y otras capacidades inéditas muestran una singularidad que despliega el ámbito físico y biológico.

Cuando se saca a colación “medio ambiente”, se advierte una inconfundible y original relación: “la existente entre la naturaleza y los seres que la habitan”. Esto impide entender la naturaleza como algo separado de nosotros o como un simple marco de nuestra vida. Estamos incluidos en ella, somos parte de ella y “estamos interpenetrados”. Y, esto nos obliga a conocer también cómo las distintas criaturas se relacionan conformando esas unidades

Y, como diría Isaac Newton, Galileo Galilei, Leonardo da Vinci, Albert Einstein y tantos otros: “Junto con el patrimonio natural, hay un patrimonio histórico, artístico y cultural, igualmente amenazado. Es parte de la identidad común”, las ideas, proyectos y soluciones no pueden llegar desde un “modo único” de interpretar y transformar la realidad. Es preciso y valioso acudir a las diversas riquezas culturales de los pueblos: “al arte y a la poesía, a la vida interior y a la espiritualidad”. Hay preciosas obras pictóricas y musicales logradas con la utilización de nuevos instrumentos técnicos, nuevas miradas, nuevas formas de sentir, de vivir más plenamente, de compartir y construir futuros.