El machismo mata

Catalina Araya

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GRACIAS POR ESTAR A MI LADO

Cuando era un niño y no me portaba bien, mi papá me reformaba con unos firmes correazos en el traste. Mi mamá observaba, siempre calladita.

En mi curso, era de los más chicos y bastante debilucho. Durante los años de liceo algunas veces me aforraron. Me di cuenta que la fuerza impone el respeto.

En el trabajo, aunque no me quedan marcas visibles, mi jefe me azota con su autoridad. Continuamente estalla en gritos y me deja sin habla. Se encarga de recordarles a todos mi debilidad y pequeñez cada día.

Afortunadamente, me casé contigo y encontré mi lugar en el mundo. En la casa, yo soy el más grande, el más fuerte y el único que manda. Tú y los niños pueden dar fe de ello.

MI VIEJO CELOSO

Esta mañana cuando salí a barrer, me encontré con Juan, el vecino que enviudó hace poco. Ahora que está sólo, el pobre hombre está en los huesos.

Le di la receta de mi cazuela, esa que tanto te gusta.

Terminé de barrer. Fui a comprar el pan. Me metí directo a la cocina para prepararte el desayuno. Como cada día: puse el agua a hervir, saqué la mantequilla del refrigerador y coloqué las tazas, el azúcar y el té sobre la mesa. La tetera comenzó a silbar. Tú entraste: empuñaste un cuchillo y te lanzaste sobre mí.

Siempre tan celoso mi viejito, pero esta vez exageraste, ¿te das cuenta lo que has hecho?
 
Ahora tú también tendrás que cocinarte sólo, igual que el vecino.