Ana María

Catalina Araya

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Entrevista a Ana María Vargas

De la política partidista a la acción directa
Ana María acaba de salir de una reunión en la iglesia. Con los voluntarios, programaron los detalles para la festividad navideña, donde entregarán regalos a niños de las Cruces. Pero no es solo la religión la que ocupa su tiempo, desde su llegada a la Provincia, la otrora candidata a alcaldesa ha trabajado por el rescate de los humedales y hoy participa en la Corporación de Desarrollo Cultural del Litoral.

Desde su experiencia, ¿cómo ve la realidad social de la comuna?
Todos viven aquí de apariencias, uno puede ver una casa pintada por fuera, ordenada, pero no sabe lo que pasa en su interior. Por ejemplo, cerca de mi casa hay dos jovencitas que están solas con varios niños, una fue abusada a los 13 años y fue mamá, mientras que la mayor, ya con un hijo, se juntó con un tipo y tuvo mellizos. Hace cuatro meses él la dejó y se suicidó. Ella está destrozada, necesita apoyo, no sólo económico, tiene muchas carencias emocionales. Acabamos de conversar sobre su caso en la Iglesia, pero tenemos opiniones diferentes dentro del grupo, me dijeron: “ella es floja”, pero yo pienso diferente. Tiene mellizos, en que momento va a trabajar, si no tiene plata para pagar nana. No es tan fácil, esa postura a mí me molestó. ¿Qué es lo que estamos promoviendo? Se supone que la iglesia se basa en la hermandad. Hay que ayudar a quién sea y cómo sea, sin juzgar.

¿Cómo se financian en la iglesia?
Hacemos ventas de ropa y utensilios, cosas que nos dejan en el verano. Yo les digo que acepto desde una aguja, porque todo se vende. Con eso compramos mercadería y hacemos beneficios. Los domingos, la gente también colabora con víveres, y así vamos juntando. A los enfermos postrados les llevamos pañales, también donados.

Hemos recibido un montón de juguetes, nos vamos a juntar para hacer los paquetes y los regalaremos a los niños que vendrán el domingo, que participan en la catequesis. Hay harta labor que hacer aquí, porque hay muchas carencias en las Cruces.

Usted es integrante de una nueva organización llamada Corporación de Desarrollo Cultural del Litoral ¿Cuál es su objetivo?
Desde la Corporación intentamos proteger el medio ambiente, pero también promover el valioso patrimonio cultural de la Provincia. El otro día, hicimos un encuentro con los payadores de la región, fue hermoso.

Hace algunos años, organizamos una Agrupación similar con Alfredo Bowen, para contribuir al desarrollo sustentable de las Cruces. Pensábamos trabajar con artesanos de la región y tratar de salvar los humedales. Pero aquella vez no prosperó la iniciativa, con esta nueva Corporación esperamos retomar esa labor.

¿Cómo cambió su vida cuando llego a las Cruces?
Llegué en el 2000. Antes trabajaba en ventas en multitiendas. Ya desde ese tiempo, me interesé por promover el área social y lo hice a través de un periódico interno de los trabajadores. Después, por varios años me desempeñé en el restaurante la Cuca.

Mi casa, acá en las Cruces, la construí de a poquito. Cuando llegué era un sitio eriazo y allí me instalé a vivir un año en carpa con mi marido. Todo el mundo nos miraba como diciendo “estos rascas de donde aparecieron”. Ese año fue muy duro, muy lluvioso. Tenía que dormir dentro de la carpa con un palo para botar el agua que se acumulaba en el techo. Sin embargo, fue una época muy bonita de mi vida. Recién llegados, empezamos a acumular perros, porque acá botan muchísimos. Llegué a tener 14 perros.

Al poco tiempo de llegar me integré en la junta de vecinos y después me ofrecí en la iglesia para cooperar. Hoy, hago catequesis, trabajo con jóvenes.

Cuéntenos un poco sobre su trayectoria de candidata.
Me cayó de golpe. Estaba en un curso en la gobernación, y allí, una persona me contó de un partido nuevo, era el PRI. Me interesó porque la idea era cambiar todo, poner nuevos candidatos que no tuvieran idea de política, renovar. Yo creo que con ese partido comenzó la ola de recambio que se manifiesta ahora. Me fascinó la idea y por eso me involucré.
 
Lamentablemente, me di cuenta que la política siempre tiene aspectos negritos. Eso de que puedan participar todos, no es tan así.  A ellos les interesaba formar rápidamente el partido, que después fue vendido. Todos dicen que era del Colorín, pero no es cierto, se lo vendieron.

En ese momento, yo llegué a la presidencia nacional del departamento de mujeres. Pero con la subida del Colorín, hubo un cambio de rumbo. Hace poco lo habían echado de la DC y no todos estaban de acuerdo con él. Esa vez se eligieron dos candidatos como concejales. Uno de ellos sigue siendo concejal hoy, pero por otro partido.

Cuando me propusieron que postulara a la alcaldía, yo pensé que por la novedad íbamos a atraer gente, pero no me fue bien porque yo no era muy conocida, y además soy mujer, y el castigo que se le da a la mujer es grande, sobre todo acá, como suele ocurrir en zonas de pescadores, es muy machista.

Además, acá toda la gente es familia, se apoyan entre ellos y los demás quedan fuera. Pero la experiencia fue buena para mí.

Después me cambié al PRO, también estaba la idea de la renovación, y yo siempre engancho con lo mismo. Me presenté como candidata a concejal la primera vez que postuló el MEO. Pero no pasó nada, nuevamente sentí el castigo de no ser de la comuna. Hice todo sola, no le pagué a nadie para hacer campaña.

¿Cuál era su objetivo político?
Para mí lo más importante era promover la parte ecológica y mejorar los atributos turísticos de la zona. Por ejemplo, implementar más infraestructura para el turismo en las playas.

Invertir en el turismo contribuye también a aumentar el empleo. En la época en que yo postulé había un 26% de desempleo. También me importaba lo de los barcos, que no tributan aquí. Todo se va para Santiago, ni siquiera dejan propina para arreglar los caminos que los camiones destruyen. Por otro lado, la infraestructura no es acorde a la cantidad de gente que llega. Estamos a poco más de una hora de Santiago, pero a 100 años de atraso. Estando tan cerca, en los cerros hay sectores sin agua ni alcantarillado. Es un desarrollo al revés.

Me preocupaba también que hay mucha gente sola que vive en condiciones inhóspitas. Yo ayudo a abuelos que están abandonados. Cuando participé en el CENSO en áreas rurales, conocí a una mujer obesa mórbida, que en ese entonces no bajaba al Tabo hace 14 años. Junto a su marido vivían en pleno bosque y eran abastecidos por una persona que subía una vez al mes. También encontré gente que se tomó terrenos y vivían sin servicios, comiendo conejos.

Yo he denunciado estos casos a las autoridades, pero sin saber las coordenadas exactas donde se encuentran, dicen que no se puede hacer nada. Nosotros buscábamos por Google Maps y llegábamos a los lugares donde veíamos algo parecido a un techo.

Con la tributación esto podría avanzar, pero con un nivel de escolaridad muy bajo en la Provincia, nos mantienen callados. Las empresas de barcos son los que ganan, nadie más. A mayor ignorancia, mejor ciudadano, porque con miedo nadie se atreve a hacer nada.

¿Sería candidata nuevamente?
No. A estas alturas no, porque la gente no ha cambiado.

Luego de la participación en el PRI y el PRO fundó un nuevo partido ¿qué la motivo?
Sí, se llama Fuerza Independiente Nacional. Yo me siento muy orgullosa por lo que hice, pues soy una NN y cuesta mucho formar un partido. Hay que pagar y es carísimo, además hay que movilizar 150 personas en una hora, lo que es muy difícil. Es un trabajo titánico y lo logré dos veces. La primera vez nos rechazaron, por cuestiones de formalidades.

Esto fue hace seis años. Yo tenía la ilusión de hacer algo nuevo, hacer participar a toda la gente, pero estoy muy desencantada. El compañero con el que trabajaba tenía debilidad por las jovencitas, y eso arruinó toda nuestra labor. Ahora estoy moviéndome con acción directa, porque la política para mí es siempre lo mismo. Los partidos hacen divisiones para poder gobernar mejor. Hago cosas por mi cuenta, soy más libre, pongo mis energías en lo que considero correcto y no tengo que rendir cuentas a nadie, sólo a Dios.